Frase del dia

sábado, 7 de agosto de 2010

La crisis de Bosnia 1908

File:Bosnian Crisis 1908.jpg

La crisis de Bosnia

En los meses en que Rusia disminuía su presión hacia el Extremo Oriente y volvía a concentrarse en los problemas europeos, Austria-Hungría atizaba de nuevo el fuego del "problema balcánico", rompiendo la tregua, fundada en el principio de la conservación del Statu quo y de la intervención común y coordinada en el sector. En aquel mismo año un cambio decisivo había tenido lugar en el complejo mecanismo de los equilibrios balcánicos: un sangriento golpe de estado había puesto fin a la dinastía de los Obrenovic, ligados tradicionalmente a los Habsburgo, y había puesto en el trono a Pedro I Karageorgevic (1903-1921) que confió la dirección del gobierno al radical N. Pasic. La orientación de los nuevos dirigentes provoco un cambio brusco en la situación: Serbia, con el apoyo financiero de Francia y el político de Rusia, se convirtió en el centro de una propaganda nacionalista paneslavo, que constituía objetivamente un peligroso polo de atracción para las nunca totalmente dormidas inquietudes de las poblaciones eslavas, súbditas de la Doble alianza, respecto a su estado de subordinación frente a las dominantes nacionalidades alemanas y magiares.

Bien pronto un peligroso foco de irredentismo nació en Bosnia-Herzegovina, las provincias del imperio otomano sometidas, según las clausulas del tratado de Berlín, a la administración austriaca y cuya población era en gran mayoría serbia. Con el simultáneo nombramiento de L. Aehrenthal a la cabeza de la diplomacia vienesa y de Conrad como jefe del Estado Mayor, hombres enérgicos, autoritarios y resueltos a reafirmar el papel de "gran potencia" de su pais, el problema servio quedo planteado en términos de fuerza. Para apagar las renacidas esperanzas de una eventual separación de Bosnia-Herzegovina de la "doble monarquía", se elaboro en Viena el proyecto de una definitiva y completa anexión de las provincias; se intentaba mientras tanto intimidar a Serbia con fuertes presiones económicas y con el anuncio, a principios de 1908, de la voluntad austriaca de construir un ferrocarril hacia Oriente a través del Sanjacato de Novi Pazar, que dividía Serbia de Montenegro. Esto no dejo de alarmar a Rusia, que respondió con el proyecto de una línea ferroviaria de Este a Oeste, desde el Danubio al Adriático.

La confrontación se volvió a plantear pocos meses después en términos mucho mas graves, como consecuencia de la repentina modificación de la realidad política otomana. La presión de la superior civilización occidental sobre la decrepita estructura social e institucional del Imperio turco desemboco, en Julio de 1908, en una insurrección victoriosa guiada por el movimiento de los jóvenes turcos. Se revigorizo la constitución, concedida ya en 1876, y el viejo estado pareció colocarse en la vía del progreso civil y político. Pero ello significaba también el reforzamiento de las instituciones, reanimadas por el espíritu nacionalista, herencia asimismo de Occidente, que alentaba en los nuevos dirigentes turcos. Austria, temiendo que la soberanía formal del imperio otomano sobre Bosnia-Herzegovina pudiese ser reivindicada procedió el 5 de Octubre a la anexión de las provincias mediante un acto unilateral y en clara violacion de los acuerdos internacionales estipulados en Berlín. Como compensación parcial decidió retirar las tropas que desde 1878 dominaban el sanjacato de Novi Pazar.

Si la inmediata reacción de Francia y Gran Bretaña fue de firme e indignada condena por la violación de los pactos internacionales, la impresión suscitada en Rusia llego a hacer creer necesaria una respuesta violenta que llego hasta las medidas de movilización decididas en Diciembre. Por otra parte, pocas semanas antes el ministro de Asunto Exteriores ruso sed había entrevistado secretamente con Aehrental para acordar, a cambio del asentamiento a la adquisición austriaca, eventuales modificaciones del status de los estrechos. La actitud de Alemania fue decisiva para la solución de la crisis. El canciller Von Bulow, aunque irritado por la iniciativa de su aliado, tomada sin previa consulta y capaz de perjudicar la penetración alemana en Turquía, se decidió por un apoyo incondicional a Viena. Los motivos de su actitud repetían el esquema diplomático ya desarrollado frente a Francia durante la crisis marroquí: hacer sufrir una dura humillación a Rusia, revelando así la inutilidad de su alianza con las potencias occidentales, y ofreciendo después al zar propuestas de acuerdo para romper la doble alianza y desbaratar el supuesto "cerco". Mientras Austria se preparaba para imponer por la fuerza a Serbia la aceptación del hecho consumado, Alemania enviaba a Petersburgo una nota amenazante en la que transparentaba un claro asentimiento a la anexión, pues en otro caso Berlín "dejaría que los acontecimiento siguiesen su curso". A Rusia, sin el apoyo de sus aliados, y a Servía no les quedo mas remedio que plegarse a la imposición.

Sin embargo, mientras que esta humillación avisaba en Belgrado el fuego de un nacionalismo anti alemán imposible ya de reprimir, dándole vuelta a uno de los objetivos que abrigaba Aehrenthal, Rusia no se veía a aislarse de sus aliados, contrariamente a las esperanzas germanas. Por el contrario se sentaban las bases para vínculos mas sólidos para la formación concreta alrededor de Alemania de aquel temido "anillo" de alianzas hasta entonces solo esbozado. Von Bulow, con su diplomacia de "actos de fuerza" seguida también en relación con Rusia, puso en evidencia una vez mas la contradicción de fondo en que se movía la política internacional de su país. Deseosa de ascender a potencia mundial, para lo que era presupuesto garantía indispensable el reforzamiento de su posición en Europa, Alemania tenia la constitución de un cerco de alianzas hostiles que, replanteando constantemente el problema de la conservación de los equilibrios continentales, se enfrentasen a su fuerza expansiva. Se veía por tanto obligada a insertar cuñas rompedoras en la sutil red de lazos existentes entre las otras potencia, empujándolas, precisamente por la torpeza de su intervención diplomática, hacia reacciones desafiantes y hostiles, que encontraban una justificación en el rechazo del papel central y preponderante que Alemania se consideraba con derecho de pretender en Europa. Este comportamiento lo facilitaba también en el hecho de que Alemania se veía obligada a avanzar en el difícil terreno de los asuntos balcánicos, poniéndose a remolque de las iniciativas e intereses austriacos.

El juego era abiertamente demasiado contradictorio para dar frutos positivos; solo sirvió para reforzar los lazos militares entre las dos potencias germanas, dando a la alianza un carácter totalmente nuevo respecto al espíritu originario. No era ya un medio para consolidar los equilibrios existentes frenando a Austria en su camino de una aventurada expansión hacia el Este, sino una subordinación de Alemania a tales iniciativas; ello abría una sima inevitable entre Petersburgo y Berlín. Las aproximaciones intentadas en Diciembre de 1910 en Potsdam con ocasión de un encuentro entre el Káiser y el zar no dieron ningún resultado concreto. A las demandas alemanas por un cambio completo de su posición internacional, Rusia, respondió con propuestas limitadas de acuerdos sobre problemas específicos de importancia secundaria, como el ferrocarril de Bagdad, con cuya construcción Alemania penetraba hasta el corazón del imperio otomano y hasta Persia. Las alarmas suscitadas entre los aliados por estos coloquios y el temor de un nuevo vuelco de la diplomacia zarista aconsejaron incluso a Paris y Londres dar una configuración mas concreta a los vínculos existentes con Petersburgo.

La crisis de Bosnia había inducido también a Italia a buscar fuera de la Triple alianza, como había hecho en 1900 y 1902, las garantías para su posición internacional que los aliados parecían desconocer. El avance de Austria en la península balcánica lesionaba uno de los artículos del tratado, que preveía consultas y compensaciones reciprocas ante cada modificación del statu quo en la región. La visita del zar a Italia, en Octubre de 1909, brindo la ocasión para lograr un acuerdo secreto con la diplomacia rusa, sobre la base de un compromiso reciproco para conservar la situación existente en la península balcánica.

Saludos


Fuentes
Wikipedia
http://www.mtholyoke.edu/acad/intrel/boshtml/bos130.htm
Europa desde 1815 hasta nuestros dias J-B. Duroselle


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